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Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda

Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda

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La Asociación de Comerciantes y Profesionales Conde Aranda y adyacentes, planteó al Ayuntamiento la instalación de un monumento que recordara al ilustre aragonés del que recibe el nombre esta calle. Ante la insistencia de los comerciantes, el Ayuntamiento se comprometió a financiar el pedestal.

Aprovechando el décimo aniversario de la Asociación de Comerciantes se inaugura el 25 de octubre de 2007 por el alcalde de la ciudad Juan Alberto Belloch y el presidente de la Asociación Juan Luis Llorente, acudiendo asimismo autoridades, entidades, medios de comunicación, numerosos comerciantes y vecinos de la zona. En la inauguración de la obra, el alcalde destacó el esfuerzo de los comerciantes y del escultor por devolver a este sector del Casco Histórico el esplendor del que gozó tiempo atrás.

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HISTORIA DEL CONDE DE ARANDA
Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, X Conde de Aranda, fue un noble, militar y estadista ilustrado.


Estuvo al servicio de cuatro reyes: Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, y entre sus cargos llegó a ser el capitán general más joven de Carlos III, embajador en Portugal (1755-56), director general de Artillería e Ingenieros (1756-58), embajador en Polonia (1760-62), general jefe del ejército invasor de Portugal (1762-63), presidente del Alto Tribunal Militar que juzgó a los oficiales que perdieron La Habana, conquistada por los ingleses (1764-65), capitán general, presidente de la Audiencia y virrey de Valencia (1765-66), presidente del Consejo de Castilla y capitán general del mismo reino (1766-1773), embajador y ministro plenipotenciario de España en París (1773-1787) y finalmente, secretario interino de Estado o primer ministro de Carlos IV (1792), para luego seguir como decano del Consejo de Estado (1793-94).


Nació en el castillo de Siétamo (Huesca), el 1 de agosto de 1719, en el seno de una ilustre familia aragonesa. Se educó en Italia, en el Seminario de Bolonia y en Roma. Siendo muy joven realizó muchos viajes por toda Europa recibiendo una sólida y liberal formación que pronto hizo que se le identificara con los filósofos y enciclopedistas.


En 1740, consolidada su vocación militar, entró a servir en el ejército con el Marqués de Montemar y el general Gages. Más tarde se trasladó a Prusia, donde conoció a Federico el Grande.


Se cuenta que Federico II de Prusia le entregó una marcha granadera como obsequio para el rey de España, marcha que se adaptaría, con el paso del tiempo, en la marcha real española y en el himno nacional.


El rey Fernando VI le designó embajador en Lisboa; comenzaba así a tener influencias poderosas y a ganar popularidad. Reinando Carlos III fue nombrado embajador en Varsovia y obtuvo el grado de capitán general, con el cual encabezó el ejército español que invadió Portugal en 1762.


Luego fue nombrado gobernador de Valencia, cargo al que tuvo que renunciar para presidir en 1765 el Consejo de Castilla y para ser capitán general de Castilla la Nueva (11 de abril de 1766).


Durante el reinado de Carlos III, tres hechos, en los que participó activamente, marcaron su línea y su capacidad política: el motín de Esquilache, la expulsión de los jesuitas y su etapa como embajador en París.


Pasó a ocupar la presidencia del Consejo de Castilla a raíz del motín de Esquilache.


Contrajo matrimonio por poderes en Madrid el 21 de marzo de 1739, a los 19 años, con Ana María del Pilar Fernández de Hijar, hija del VIII duque de Hijar.


Uno de sus mayores desconsuelos fue la muerte de su único hijo varón, Luis Augusto, en 1755. Años después en 1783 falleció también su esposa. Pero deseaba un heredero varón para la casa y contrajo nuevo matrimonio con su sobrina-nieta María Pilar Fernández de Hijar y Palafox, que contaba tan sólo 17 años y el Conde 65.


Fue un destacado servidor del rey en cualquiera de los cargos que desempeño, siempre con eficacia y capacidad política, ya fuere como militar, diplomático o ministro. En consonancia con los tiempos se convirtió en un ilustrado, realizando grandes obras que al día de hoy las seguimos disfrutando.


Pedro Pablo Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, es una de las figuras más importantes que Aragón ha dado a la Historia de España, llegando a ser Presidente del Consejo de Castilla desde marzo de 1766 hasta julio de 1773.


Nadie, después del Rey, concentraba más poder.


Durante los años que estuvo al frente del Consejo de Castilla, instauró una política reformista basada en los principios de la Ilustración con la que consiguió el aprecio popular y el elogio del mismo Voltaire. Para llevar a cabo las reformas contó con la colaboración de Campomames, persona de máxima influencia del Rey se centraron en la cuestión agraria; colonización de sierra Morena, repoblándola con inmigrantes alemanes, en las medidas regalistas, en el apoyo a las sociedades Económicas de Amigos del País y en la elaboración del llamado censo de Aranda (1768-1769), el primer censo de población que se hizo en España.

También legislo para evitar desórdenes en los teatros y fomento esta actividad, creando nuevos teatros y apoyando a los autores teatrales. Estaba convencido de que el gobierno debía formar buenos músicos y actores y convertir el teatro en una escuela de buenas costumbres y del buen gusto literario.


La expulsión de la Compañía de Jesús creo un vacío total de la enseñanza superior, que los ilustrados se encargaron de llenar, mediante una renovación radical. En Sevilla Pablo Olavide reformó la Universidad, proponiendo un control estatal, la secularización del profesorado, la introducción de modernas enseñanzas de matemáticas, geometría, física, biología y ciencias naturales y la eliminación de la escolástica.


En 1769 el Consejo de Castilla aprobó el plan de Olavide y se decidió extenderlo a todo el país, requiriendo su aceptación a todas Universidades españolas. De esta forma Valladolid, Alcalá, Santiago, Zaragoza, Oviedo, Salamanca, Salamanca y sobre todo Valencia, se fueron adaptando gradualmente y con ritmos variados al nuevo sistema de estudios.


La Universidad de Huesca concedió al Conde de Aranda el grado de doctor en la Facultad de Leyes y encargó a Ramón Bayeu el retrato del Conde para colocarlo en su paraninfo, en el que desde 1768 figuraba también otro de Quinto Sartorio fundador de la Universidad de Huesca.


Su tiempo en la embajada francesa no fue en vano. Logró entre otros éxitos, el pacto de Inglaterra por el cual Menorca fue devuelta a España (1783), consiguiendo así el tratado de paz con Gran Bretaña el cual puso fin a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos de América. Por el tratado España también consiguió la devolución de la Florida oriental y occidental, así como parte de las costas de Nicaragua, Honduras (la Costa de los Mosquitos) y Campeche y la colonia de Providencia. No obstante, tiene que reconocer la soberanía inglesa de las Bahamas y no logra recuperar Gibraltar.


En 1776 se va a producir otro importante acontecimiento.


El cuatro de Julio de este año, las trece colonias británicas de Norteamérica proclamaron su independencia.


Desde España ayudamos a los colonos con donativos de dinero y con empréstitos que llegaron a sumar ocho millones de reales.


Se encargó de hacer llegar a los norteamericanos un millón de libras francesas. También expidió un pasaporte al general Lee que se instaló en Burgos, desde donde logró víveres y material de guerra que se enviaron de forma secreta desde Bilbao al puerto de Nueva Orleans.


Carlos III paso por Zaragoza con su familia hacia Madrid, le gustó tanto nuestra tierra, que decidió pasar un mes en la ciudad con Aranda ya que ambos se conocían de cuando lucho en Italia. El Rey lo incorporó al ejército con el grado de teniente general y le nombro embajador en Polonia.


Fueron días felices para Carlos III que ocupó en disfrutar de toda clase de fiestas campestres, festejos populares en su honor y cacerías en los montes de Torrero.


Es considerado como una de las personalidades más relevantes de la historia de España del siglo XVIII y puede encuadrarse en el grupo de personajes que representan el reformismo ilustrado español.


Un hombre que dedicó su vida a la patria y al servicio de los reyes Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, planeando su ideología reformista ilustrada para el gobierno de la nación. Contribuyó en la mejora y cuantificación de la sociedad española de su tiempo, con su censo de población, uno de los primeros de Europa y su Sociedad Económica Amigos del País, con la que colaboró en obras y desarrollo de Aragón y España. Amante de las obras de arte, introdujo en España la elaboración de porcelana, mediante una fábrica propia en Alcora, aprovechando unos hornos de vasijas y cantaros heredados.


Antes de morir, concedió a los obreros ancianos de su fábrica de porcelana de Alcora, que hubieran trabajado en ella más de diez años, la jubilación con el haber íntegro de su sueldo en activo. Disposición tanto más importante si tenemos en cuenta que al tiempo de la fundación de la fábrica, la villa de Alcora tenía apenas 300 vecinos. Setenta años después a la muerte del Conde, pasaban de 1.400, de los que 1.100 eran útiles.


El Conde de Aranda encargó el diseño del Salón del Prado a José de Hermosilla, aunque fue finalmente Ventura Rodríguez quien ejecutaría este proyecto. Contribuyó a la creación de un convento adjunto a su palacio de Épila y una casona de verano en esta localidad zaragozana de Aragón. Pero también hizo de mecenas para ayudar en la obra más influente y fuerte de la acontecidas en su tiempo en Europa, como fue el Canal Imperial de Aragón de Ramón Pignatelli, que en su origen uniría el Cantábrico con el Mediterráneo de modo navegable y se explotaría para usos agrícolas, repartiendo el agua por estos territorios y haciendo realidad un sueño del Reino de Aragón, para exportar sus materias primas de ganado, peletería, lana y hortofrutícola; aunque no se desarrolló en su totalidad por lo caro y complejo de su realización.


Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, sabía muy bien la importancia y necesidad que para los ciudadanos tienen los parques, paseos y zonas verdes. Creó el Pardo, favoreció el Retiro y autorizó las fiestas de máscaras.


Un año después tuvo lugar una curiosa correspondencia de Voltaire con Aranda, pero del Voltaire relojero, que no filósofo en esta ocasión. Una de las facetas poco conocidas de Voltaire durante su exilio de Ferney es la de empresario, ya que entre las manufacturas allí instaladas existía un taller de relojería que se dedicaba a hacer, sobre todo, relojes de gran lujo, con retratos en esmalte. Los dos primeros fueron destinados al rey francés y al delfín. En junio de 1770 empezó a hacer otro destinado al Conde de Aranda. Era de repetición y también llevaba su retrato.


Funda la población de Águilas, en Murcia. Se preocupó por reglamentar el servicio de aguas, tan vital para la agricultura valenciana, dirigió la construcción de acequias y canales para mejorar el regadío. Persiguió a los malhechores, reprimió la holgazanería y se encargó de mantener el orden en una ciudad como Valencia.


Al mismo tiempo emprendió en Andalucía la colonización de Sierra Morena con seis mil colonos que trajo de Alemania, fueron los protagonistas de esta aventura, que afectaba a territorios despoblados, amenazados por el bandolerismo en Córdoba, Sevilla y Jaén.


En noviembre de 1792, fue sustituido por Manuel Godoy, un guardia de corps que se había ganado la confianza de la mujer del rey, María Luisa.


El 14 de marzo de 1794, ante la presencia del Rey, Aranda atacó en el Consejo de Estado la decisión de Godoy de continuar la guerra con Francia. La dureza del ataque de Aranda fue aprovechada por el favorito Godoy para presionar al Rey con la destitución de Aranda.


Así fue, Aranda fue desterrado a Jaén ese mismo día. Ya no regresaría nunca a Madrid.


En 1795 el rey le autorizó a residir en Aragón. Aranda decidió entonces retirarse a vivir a Épila, donde murió en 1798.


Doce hombres y un oficial tenían la orden de mantenerlo en arresto incomunicado.


Murió sin descendencia y el título pasó a su hermana, que casó con el duque de Hijar para así pasar el título y sus posesiones a la Casa de Alba, uniendo en sus descendientes dos linajes importantes de la Corona Española y convirtiéndoles en personajes de autoridad en Europa.

La Condesa viuda quedo constituida como única heredera universal de todos los bienes de su marido, pudiendo disponer de ellos a su entera voluntad y sin cortapisa alguna, excepto si hay algún bien vinculado de antemano que deberá ir a quien corresponda. Y dicha María Pilar quedaría beneficiada de 500.000 reales de vellón en metálico, al igual que el conjunto de familiares de ambos esposos disfrutando de otro medio millón de reales de donación a proporción de su importancia y “status” social.


Su cuerpo fue trasladado de San Juan de la Peña al panteón de hombres ilustres, en la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid.


Finalmente, en 1985, los restos del Conde de Aranda fueron devueltos al monasterio de San Juan de la Peña donde descansan actualmente en el Panteón de los Nobles del citado monasterio altoaragonés.


Desde el año 2013 el actual Conde de Aranda es Alfonso Martínez de Irujo y Fritz-James Stuart, perteneciente a la Casa de Alba.

 

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CONDE DE ARANDA

Pedro Pablo Abarca de Bolea nació en el castillo de Siétamo en el seno de una ilustre familia aragonesa. Se educó en el Seminario de Bolonia (Italia) y en Roma. Siendo muy joven realizó muchos viajes por toda Europa recibiendo una sólida y liberal formación que pronto hizo que se le identificara con los filósofos ...

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