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María Rafols

Heroína deL siglo XIX para todos los tiempos.

A lo largo de todo su caminar destaca en María Rafols la vivencia del precepto nuevo de Jesús: La Caridad. Quiso amar como el, algunas veces exponiendo su vida y siempre gastándola, día a día, en el servicio a los marginados de aquella sociedad en que le tocó vivir: Toda clase de enfermos albergados en un hospital, concepto mucho más amplio en su época y en el que cabían también los niños abandonados, o expósitos, a los cuales consagró la mayor parte de su existencia.

Su vida se enmarca cronológicamente, en su mayor parte, en la primera mitad del siglo XiX, período señalado en España por profundos cambios y convulsiones políticas, que harán tremendamente difícil su andadura en la novedosa y arriesgada aventura de fundar una congregación religiosa apostólica femenina de caridad, el primer intento de origen español, con un único y altísimo ideal: servir a dios en los pobres y enfermos, hasta la inmolación de la propia vida.

La vida de María Rafols, como la de su pequeña hermandad, transcurre bajo el signo de un largo invierno: Cincuenta años de silencio, oscuridad, pobreza y sometimiento a unas imposiciones, hoy inconcebibles, por parte de la junta rectora del Hospital de Nuestra Señora de Gracia, de Zaragoza, cuna de la congregación de Hermanas de La Caridad de Santa Ana.

Dependencia férrea que frenará su natural expansión y crecimiento. A diferencia de lo que ocurre en otras congregaciones, la primavera será tardía y la vida de la Fundadora transcurrirá en la oscuridad de la fe, con la sola luz de la esperanza.

Infancia y juventud

Tampoco su infancia y juventud fueron fáciles: Familia campesina humilde, cambios de domicilio, muerte temprana de sus seres queridos.

Nace María Rafols el 5 de Noviembre de 1781 en Villafranca del Panadés (Barcelona), en el molino llamado D'en Rovira, donde su padre trabaja como molinero. María era una niña normal, pero ya sobresalía, dicen los testigos, por la agudeza y precocidad de su ingenio, principalmente por su piedad, que todos consideraban extraordinaria. Un día María Rafols se encuentra con el sacerdote don Juan Bonal, vicario del Hospital de Santa Cruz, de Barcelona, que andaba metido en un proyecto Otras historias ambicioso de caridad para dotar a los hospitales, centros donde se intentaba acoger y remediar todas las miserias que generaba aquella sociedad pobre e injustamente organizada, de personas vocacionadas que consagraran su vida al servicio de tantos desgraciados que en ellos se albergaban: Enfermos, dementes, niños expósitos, etc.

En aquel hospital de Barcelona ya existían dos hermandades seculares, masculina y femenina, encargadas de la atención caritativa a enfermos y niños de aquel gran centro. La Providencia va preparando los caminos y don Juan Bonal, en septiembre de 1804. se traslada a Zaragoza para iniciar gestiones con la junta, llamada sitiada, del Hospital de Nuestra Señora de Gracia de aquella ciudad, que busca mejorar la suerte de los enfermos con dos hermandades semejantes a las de Barcelona. el celoso sacerdote podía asegurar que no sería difícil encontrar personas aptas para las dos fundaciones propuestas. Una empresa arriesgada, as gestiones de Zaragoza llegan a feliz término y Bonal vuelve ilusionado a preparar la expedición.

Mucha prisa debió darse, pues a primeros de diciembre de ese mismo año ya podía avisar que lo tenía todo acoplado y se ponían en camino. nada menos que doce Hermanas de La Caridad, que así se llamaban, y otros tantos Hermanos, había reclutado. entre ellos, y como presidenta del grupo femenino, se cuenta María Rafols. La llegada, el 28 de diciembre de 1804, constituye un gran acontecimiento no sólo para el hospital, sino para aquella entonces pequeña ciudad.

A pesar del mal tiempo (era de noche y diluviaba), el gentío se agolpaba a la puerta del hospital para recibirlos. así relata un testigo presencial ese encuentro con aquel complejo mundo de la miseria y el dolor. Aquel gran hospital real y general, con el ambicioso lema de casa de los enfermos de la ciudad y del mundo, será el marco donde se va a desarrollar la vida de la Madre Rafols y va a crecer su caridad.

La Caridad es Paciente

La Madre María Rafols, en plena juventud, tiene que enfrentarse con la ingente tarea de transformar un hospital en situación lamentable de desorden, desidia y abusos, todo un mundo de picaresca, por parte de unos asalariados mal retribuidos que están muy lejos de su ideal de caridad, e iniciar una forma de vida religiosa apostólica que está dando sus primeros pasos en españa y no será comprendida, ni deseada, por los mismos que rigen los destinos del hospital.

Otras historias en esta empresa, la rama masculina fracasará pronto acosada por las contradicciones y el desánimo, abandonada por tres sucesivos superiores. La Madre Rafols supera los mismos obstáculos con tacto y prudencia. Los sitios de Zaragoza durante los dos sitios de Zaragoza por las tropas francesas de Napoleón, en 1808-1809, cuando la hermandad cuenta ya con veintiuna hermanas y se ha ganado la confianza y el prestigio de todos con las solas armas de su caridad, ésta alcanza las cotas más altas en circunstancias trágicas. La tradición de la congregación y la ciudad agradecida guardan el recuerdo de los hechos heroicos de la Madre Rafols que arriesga su vida por salvar la de tantos desgraciados enfermos, heridos, prisioneros, que reclaman su caridad.

Uno de los sucesos más trágicos del primer sitio fue el bombardeo del hospital, el 3 de agosto de 1808, teniendo que ser desalojado en pocas horas, entre las balas y las ruinas. María Rafols, como ángel de La Caridad, permanece firme al frente del grupo, trabaja, anima y alienta, consiguiendo poner un poco de orden y serenidad en medio de tanto horror. Las crónicas, siempre muy parcas, recogen la caridad heroica de la Madre Rafols y sus hermanas. «en los años 1808 y 1809 fue donde La Caridad Evangélica de esta institución rayó a mayor altura.

En efecto, sitiada Zaragoza, bombardeada, y lo mismo el Hospital, ellas ayudaron a sacar a los enfermos del medio de los proyectiles, ellas los conducían y alojaban, los asistían y salían a pedir de puerta en puerta el sustento para socorrerlos.» Pocos años más tarde, un testigo presencial, el Conde de Sástago, las recuerda en esos momentos con una breve y expresiva pincelada: En las dos invasiones de los franceses, entre las balas y las ruinas se sacrificaron más que todos.

La lucha acaba con la capitulación de Zaragoza, cuando ya la resistencia es imposible, dejando una ciudad en ruinas, cubierta de cadáveres. La suerte del hospital será una larga serie de miserias que habrán de compartir la Madre Rafols y las pocas supervivientes de aquella catástrofe, porque nueve de sus hermanas habían muerto. Sólo tres de las fundadoras quedaron con vida: Las hermanas María Rafols, Tecla Canti y Raimunda Torrellas. Una cuarta, Teresa Calvet, había ido a fundar en Huesca una nueva congregación. ç

El buen hacer de la Madre Rafols corre de boca en boca, incluso entre otros prisioneros a los que no han llegado todavía sus servicios. Y son ellos mismos quienes las reclaman. Así, los oficiales presos en el castillo que se dirigen al comandante de la plaza para suplicarle que las señoras Hermanas de la caridad del Hospital de Paisanos de esta ciudad continúen sus buenos oficios como lo han hecho con otros prisioneros. La petición es atendida y el trabajo se multiplica, sin aumentar el número de hermanas. cambio de junta.

La sitiada afrancesada

Con la sustitución del gobierno tradicional del hospital, el 29 de abril de 1811, por una nueva sitiada, a la que se apellida afrancesada en la historia, la hermandad pasa por una situación sumamente difícil. Ya el rey José Bonaparte. Hermano de Napoleón y su lugarteniente en españa, había dado un decreto de supresión de comunidades religiosas y, aunque jurídicamente la de la madre rafols no lo era, a ello aspiraba y como tal vivía. Estas pocas líneas resumen todo un trasfondo de oposición al proyecto fundacional que será motivo de muchos sufrimientos y frenará por mucho tiempo el normal desarrollo y consolidación de la hermandad, e incluso será causa de tensiones y deserciones en su propio seno. La «separación de todo manejo independiente» parece aludir al padre Bonal, a quien muy pronto prohibirán hablar a las hermanas de asuntos de la hermandad y le encomendarán una tarea mucho más dura y menos brillante que la de fundador: La de limosnero extraordinario del hospital, recorriendo abnegada y humildemente los caminos de España hasta su muerte, el 19 de agosto de 1829.

La Madre Rafols quedará sola en la difícil tarea de mantener la vida de aquella pequeña planta llamada a convertirse en árbol, muchos años después. es ella la que tiene que hacer frente, con prudencia y caridad, pero con energía, a la nueva situación y enfrentarse, de alguna manera, a la todopoderosa sitiada. En este contexto se produce su dimisión como superiora, alegando motivos de salud. A pesar de serle aceptada la renuncia, debe continuar hasta nueva orden, que llegará casi un año después, el 10 de agosto de 1812, en que, puestas en vigor las constituciones, se nombra nueva superiora.

Con los más pobres de los pobres

La situación política va a cambiar radicalmente en Zaragoza con la salida de los franceses el 9 de julio de 1813, lo que repercute también en la marcha del hospital y en la vida interna de la misma hermandad. se respira otro ambiente y las cosas, aunque lentamente, empiezan a encauzarse y se restablece la antigua sitiada. Por estas fechas comienza la madre rafols a encargarse de la inclusa, departamento dentro del mismo hospital, donde esos niños abandonados, van a ser el objeto de sus desvelos, de su caridad hecha ternura, durante el resto de su vida. el lugar donde los niños están instalados es estrecho, con escasa luz y ventilación. ella se esfuerza por conseguir el traslado a un local más amplio y saludable y, en efecto, la inclusa encuentra acomodo en el vecino convento de la encarnación, que había sido cedido por el gobierno francés al hospital.

El departamento de la inclusa es uno de los más duros y complicados del hospital. el número de expósitos de los que debe hacerse cargo es grande y va en progresivo aumento año tras año. Unos se crían dentro del hospital, con un grupo de nodrizas, siempre insuficiente. otros, la mayor parte, son criados fuera, por mujeres remuneradas a cargo del mismo centro. Los apuros económicos de éste hacen aparecer constantemente en primer plano la preocupación por conseguir los recursos necesarios. No es fácil imaginar el trabajo, desvelos y derroche de abnegación de la Madre María para velar por todos estos pequeños y coordinar todo el complicado engranaje de la inclusa, que recae principalmente sobre ella.

Algo podemos rastrear en un informe de la sitiada, en 1816: «Hay en el Hospital un competente número de amas para lactar los expósitos que llegan y para los que existen en la inclusa que comúnmente no bajan de 60 y son los más débiles, de peor condición física y contagiados; porque los más robustos los sacan a criar fuera mediante estipendio con que se contribuye a las amas mensualmente y el número de los que se crían fuera no baja de 400. Para la dirección del departamento de la inclusa, la sitiada tiene puesta una hermana de la caridad que vela siempre por el porte de las amas, su alimento, lactancia y limpieza de los niños. Este departamento tiene su cocina y en ella guisan las amas en común su ración: Y sus salarios se pagan de seis en seis meses. Las de fuera del Hospital cobran mensualmente el estipendio presentando los niños que crían las de Zaragoza que reconoce la hermana de la caridad encargada y ésta misma va a dar algunas vueltas por las casas donde se crían para ver si los tratan bien y con limpieza; las de fuera de la ciudad justifican la existencia del expósito con certificado del cura párroco, y de que lo cría robusto cual si fuera hijo natural.»

Esa hermana de la caridad a quien se confían tan delicadas tareas es, y seguirá siendo de por vida, la Madre María Rafols. La Madre Rafols no se resigna a esta trágica realidad y ella misma presenta un informe, en 1818, sugiriendo algunas mejoras asequibles: «La hermana María Rafols, encargada de los niños expósitos de este Santo Hospital de Nuestra Señora de Gracia, penetrada de un vivo sentimiento por los muchos de éstos que fenecen y deseosa de contribuir a su remedio y prosperidad, sin pretender prevenir los más acertados proyectos que puede haber formado V. s. ilma., sobre este asunto de tanta consideración, por si pudiera cooperar en algo a su posible perfección, con su mayor atención y veneración le ha parecido hacer presente a V. s. lima.: Que la sala donde están ahora los niños es, muy angosta y estrecha y de poca ventilación, especial-mente para el verano que se aproxima, y que a poca costa se podría hacer bueno en una estancia que hay al lado, que sólo sirve para secar judías a su tiempo, haciendo en un extremo de ella una habitación con varias divisiones; y el que ahora ocupan podría servir de enfermería o distrito de niños desvezados, haciendo abundantes camas, y convendría mucho estuviesen separados, que todo está ahora junto...» La madre maría vela también por los intereses y justos derechos de amas y sirvientas. en varias ocasiones pide para ellas aumento de ración y salario y su petición es atendida. Y en épocas de mayor número de niños, o cuando en éstos se producen graves infecciones, con peligro de contagio para las amas que los crían, pedirá para ellas la justa recompensa que merecen. el as-cendiente de su caridad y entrega, de su acertada dirección, merece siempre el crédito y aprobación de la sitiada. ella colabora cuanto puede en mejorar la suerte de los niños y con el producto de las limosnas recogidas en su departamento les proporciona cunas nuevas y hace pintar las viejas. Lo que la madre rafols oía a diario no era precisamente una música agradable y sabemos que. al menos desde 1819. seguramente antes, incluso dormía en el departamento para velar mejor por el bienestar de los pequeños. su sueño junto a sesenta de estos niños, cuando no le tocaba velar, no sería muy tranquilo. Hacia La aProBación de constitUciones La hermandad, entre tanto, sigue luchando por su consolidación y reconocimiento como instituto religioso, con la oposición sistemática de la sitiada, por lo que las gestiones, en las que interviene siempre la madre maría, tienen que hacerse con suma discreción. La hermandad, sin embargo, no encuentra cauce para realizar sus justos deseos de ser reconocida y aprobada por la iglesia como congregación religiosa y el malestar permanece. desde 1815 se están gestando unas constituciones, que las mismas hermanas han pedido al arzobispo y éste ha encargado a 90 Otras historias personas competentes. dichas constituciones no acaban de llegar. en 1817 la impaciencia de las hermanas crece y algunas incluso piensan en incorporarse a las Hijas de la caridad de san Vicente de Paúl. el rumor llega a la sitiada y éste es el detonante para que al fin se dé cuenta del verdadero problema de fondo e intente poner remedio, dando fin a las constituciones proyectadas. al fin, el 9 de noviembre de 1818, las esperadas constituciones llegan a la sitiada, remitidas por el señor arzobispo don manuel Vicente martínez y giménez y hechas en ellas algunas variaciones y adiciones, las aprueba el 18 de noviembre de ese mismo año. Pero cuestiones nimias de reglamento detienen todavía en la sitiada las constituciones y se llega al trienio liberal (1820-1823). de radical anticlericalismo, poniendo a prueba una vez más la fidelidad y constancia de las hermanas que, aunque tienen que sufrir una merma de atribuciones y aun ataques directos, continúan en el hospital al mismo tiempo que las llamadas cortes prohibían vestir el hábito y profesar en todas las religiones y estimulaban a sus individuos de todo sexo a secularizarse. con la entrada en españa de tropas francesas, al mando del duque de angulema, el 7 de abril de 1823, termina el trienio liberal. La situación es más propicia para volver al asunto de las constituciones. al fin, el día 15 de julio de 1824, son aprobadas por el vicario general, don Francisco amar, por haber fallecido recientemente el arzobispo. Los Votos reLigiosos. La madre maría de nUeVo sUPeriora se aproximan para la madre maría días felices en que va a ratificar, junto a sus hermanas. según las constituciones, estos votos debían renovares todos los años hasta que cumplidos cinco años de hábito añadan un juramento de estabilidad o perpetuidad. Los acontecimientos se suceden sin interrupción, como si se quisiera recuperar el tiempo perdido. es el momento de elegir nueva presidenta y la elegida, el 16 de abril de 1826, será la madre maría rafols. en este segundo nacimiento de la congregación aparece de nuevo como superiora. sin embargo, en el mismo acto de la elección, renuncia generosamente La nocHe oscUra: cÁrceL Y destierro La vida de la madre maría transcurría ahora serena, en la entrega de cada día y el olvido de sí. Pero de nuevo los acontecimientos políticos van a incidir 91 Otras historias gravemente en la tranquila vida comunitaria y muy especialmente en la de la madre maría que había de sufrir, a pesar de ser declarada inocente, la cárcel y el destierro. en este ambiente, los recelos, delaciones, procesamientos por la más leve sospecha, destierros, están a la orden del día. en este marco tiene lugar el proceso, cárcel y posterior destierro de la madre maría. el primer acto de su largo calvario es su detención, el 11 de mayo de 1834. también había transmitido la tradición que el pretexto alegado para su detención había sido una plancha de plomo que la madre utilizaba para cortar flores de papel o tela, lo que no parecía tener explicación lógica. Hoy, en documentos encontrados sobre la causa en el archivo Histórico nacional, se ha confirmado tan peregrina versión. se trata de las declaraciones de dos implicados en la conspiración del 27 de febrero en Zaragoza. en ellas hablan de que en las habitaciones de don antonio nerín, en el hospital, se fabricaban balas y cartuchos y la madre maría le había entregado para este fin una gran plancha de plomo. La misma madre maría, en una exposición a la sitiada desde su destierro en Huesca, hablará de ese misterioso plomo cuya finalidad no puede ser más inocente. «reduciéndose todos los cargos a una plancha de plomo que se supuso había dado a mosén nerín; el resultado fue que esta plancha de plomo se encontró en su cuarto, y que no tenía ningún misterio, pues se vio era la que tenía la exponente para recortar flores de mano,» esa plancha, que la congregación guarda como reliquia, conserva las huellas de muchas flores cortadas, para adornar el altar del señor. dos meses permanece en la cárcel la madre maríal, esperando la sentencia que llegará un año más tarde. sorprendentemente, tras declararla inocente, se la obliga a salir de Zaragoza. así lo expresa el acta de la sitiada del 10 de abril de 1835: Un año después de su salida, se ha fundado en Zaragoza la asociación de damas de la inclusa que, en junio de 1836, pide a la sitiada el regreso de la madre maría el día 19 de junio de 1841. La madre maría se presenta a la Junta del Hospital para agradecerle sus atenciones y ofrecer humildemente sus servicios. 92 Otras historias en eL atardecer de La Vida muy pronto aparece la madre maría otra vez junto a los niños de la inclusa, primero como suplente de la madre tecla canti que estaba enferma, y luego, a petición de la asociación de damas, como encargada. el momento de la jubilación llega el 30 de marzo de 1845, en atención a su avanzada edad, siendo sustituida por la hermana teresa Periú que en enero de ese mismo año había cesado como presidenta. Una parálisis progresiva la incapacita poco a poco para toda actividad. su vida se extingue sencilla, silenciosamente, amando y sonriendo. así dicen las que fueron testigos de esos momentos decisivos: de los últimos momentos de su vida poco puede decirse, porque horas antes de morir se le privó el habla. sólo observaron que, momentos antes de expirar miró a todas con mucho cariño y sonriente, entregando con gran paz su alma al señor.» era el 30 de agosto de 1853, cuando estaba próxima a cumplir setenta y dos años y cuarenta y nueve de vida religiosa entre los muros de aquella «casa de los enfermos de la ciudad y del mundo». Fue enterrada con honores de capitán general y sus restos trasladados a la iglesia de la casa general. Pocos años después, en 1857, la pequeña hermandad empezará a crecer y extenderse. ocasión providencial fue la epidemia de cólera que asoló a españa en 1855. el comportamiento heroico de las Hermanas de la caridad, tanto dentro como fuera del hospital, despertó la admiración de todos. en 1908, centenario de los sitios de Zaragoza, la ciudad recuerda las hazañas de sus héroes más ilustres. entre los muchos que destacan por sus hechos en defensa de la ciudad sitiada, maría rafols destaca por el heroísmo de su caridad. Y Zaragoza le concede el título más bello: Heroína de La caridad. el padre Juan Bonal será también declarado Héroe de La caridad.

Hoy, siguiendo sus pasos, cerca de 3.000 Hermanas de La Caridad de Santa Ana sirven al hombre, con preferencia al más pobre y necesitado con una caridad sin fronteras. El 16 de octubre de 1994, es beatificada, por el Santo Padre Juan Pablo II.

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